El comienzo del fin

Siglos atrás, en un pasado que nadie conoce, la humanidad llegó a tal punto de codicia y obsesión por el territorio que habitaban, que se atrevieron a usar sus avances científicos y tecnológicos, como arma en contra de sus iguales y no en progreso real. Lo que ellos llamaron conquista y reclamo de las tierras, se convirtió en una forma de destruir y aniquilar a su paso, esas mismas tierras que codiciaban.

Los seres humanos habían desarrollado su inteligencia a tal punto máximo, que para poder ganar las guerras de conquista, usaron sus clones robotizados, como ejército para no arriesgarse ellos a morir. Se atacaron con innumerables armas biológicas, tanto así, que cualquier estado vivo de la naturaleza, desapareció.

Pronto, aunque inteligentes y dotados, ya no tuvieron nada que comer ni beber; y los días se transformaron en la zozobra de no saber si al siguiente día el clima traería más destrucción. A raíz de la destrucción de sus recursos naturales, las jornadas bajo cero o en su defecto, de aniquilante calor, eran más constantes, provocando incluso que miles de humanos se suicidaran con sus familias enteras. Los gobiernos pronto perdieron el control, y la anarquía se adueñó del mundo.

Pero mientras que el descontrol y zozobra abundaba en los humanos, una coalición atroz se formó para apoderarse de lo que quedaba en la tierra. Habitantes de otros planetas, sin medir consecuencias, optaron por aprovechar la debilidad de los humanos para hacerse dueños del planeta que habían destrozado. El propósito fue apoderarse de la tierra para convertirla en su lugar del caos, donde pudieran hacer lo que quisieran sin dañar los recursos de sus propios planetas.

Y nada de esto pasó desapercibido para El Creador. Él, todo lo sabía. En silencio, porque prefería dejar que su creación tomara sus propias decisiones, pero habían llegado a un límite insospechado. Así que basado en su supremo poder, y creyendo que de esa forma restablecería el orden, tomó la decisión de destruir cada planeta del universo para volver a crearlos desde cero.

Su plan fue uno implacable. El único planeta que no lo decepcionó fue Talia, que estaban basados en una forma de vida de orden, rigor e inteligencia pacífica. El Creador ordenó al Rey de Talia, Atos, crear una nave que llamarían El Arca para proteger a cien habitantes de cada planeta que El Creador mismo seleccionó. El Arca era un refugio impenetrable, uno que los protegería de toda la destrucción entre los planetas. La orden en apariencia era sencilla, pero para Atos saber que debía inocular su sangre real, a una simple humana, para que en el futuro una descendiente de esa humana salvara al universo de una segunda guerra, fue algo que afectó extremadamente su orgullo. Pero Atos amaba y respetaba considerablemente a su Creador, así que se limitó a cumplir cabalmente sus órdenes.

Entonces, en contra de su propia opinión, envió a su más leal guerrero guardián, Enot, a la tierra. Sería él quien debiera proteger a la humana o a las humanas que llevaran la sangre real, hasta que las señales indicaran que la princesa Taraj, princesa del sol, la luna, princesa salvadora de Talia y del universo, era real.

Las especies de cada planeta que se encontraban en El Arca, debieron ver desde la distancia, cómo sus planetas se fundían en el fuego abrazador que El Creador envío por medio de sus Ortas, sus ángeles del orden y control. Pasó el tiempo justo para que Él creara de nuevo sus planetas. A cada ser en El Arca, se le dio a beber un par de gotas de Tramon, formula que hacía perder la memoria, y una vez sin memoria, fueron devueltos a sus planetas para que comenzaran desde cero, como  bebés, a hacerse una nueva vida sin recuerdos.

Atos inoculó su sangre a la humana, y Enot, odiando su misión, se integró a una vida de soledad y sombras para protegerla. Pasaron tantos siglos, tantas lunas, esperando a que naciera la humana indicada, que la misión de Enot se convirtió en el más ruin y humillante de los destierros.


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Sobre nosotros Jarhat Pacheco

Joven escritora colombiana.

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