LA MUJER SOBRE MIS HOMBROS

 

No puedo evitar sentir que los días se amontonan como rocas delante de mis pies, y que cada vez el muro crece con más hostilidad, con la determinación de hacerme ver lo inútil de seguir con esto. A veces me acomodo en la desesperación haciéndola mi hogar temporal; permito que la tristeza y el cansancio, me visiten, y les doy posada como lo haría un buen amigo.

No puedo evitar sentir que los días me encierran en una habitación en la que en cada esquina salen dagas que se clavan certeramente en los puntos que más me duelen. A veces acepto la derrota, me lanzo al suelo y lloro como una chiquilla que ha perdido su bien más preciado; acepto el fracaso y me abrazo a las cosas que nunca fueron.

Es cierto, soy frágil, en extremo frágil, pero cargo sobre mis hombros a otra mujer que me susurra palabras tan bonitas que me siento acompañada. Sus palabras son música, y aunque solo escucho su melodía, sé que algo poderoso me dice.

La mujer sobre mis hombros toma mi lugar cuando me rindo, cuando tiro todo al suelo incluyéndome a mí. Ella también llora, pero levanta cosa a cosa lo que abandono, me mira, sonríe con lágrimas en sus ojos, hay algo familiar en ella, y por ella, me levanto.

Lo intento una vez más.

No puedo evitar sentir que los días me derrumban, pero esa mujer sobre mis hombros tiene la fuerza de un huracán, y me salva, nos salva porque ella soy yo.

 

Sobre nosotros Jarhat Pacheco

Joven escritora colombiana.

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