IRENE TIENE OJOS TRISTES – CAPÍTULO 2

 

— Sabes hija, el problema somos nosotros. El amor está en tiempo de crisis. Ya nadie está dispuesto a entregarse en sacrificio por él. ¿Y sabes por qué? ¿Sabes por qué estás así? — Irene la escuchaba fingiendo desinterés, pero al contrario de lo que demostraba, estaba atenta a su madre. Esa señora era como su sumo sacerdote, a ese que todos escuchan con la certeza de que proporcionará las respuestas buscadas. — Estás así porque eres egoísta contigo misma, porque no estás dispuesta a ofrecerte más de lo que hay en este encierro al que te has sometido. No te atreves a encontrar amor en el cielo, en los árboles, en los animales. El amor no viene nada más de las personas, amor es también saber que todo lo que nos rodea es perfecto y que es para nosotros, y por nosotros. Recuerdo a tu abuelo. Era un hombre fuerte, adusto y nada cariñoso. Pero trabajaba incansablemente para mí y para tus tíos. En casa nunca faltó comida, no tuvimos demasiado, al contrario, pasamos muchas necesidades, pero verlo llegar cada noche cayéndose de cansancio, y saber que ese cansancio era producto de la ardua jornada cargando bultos de comida, me hacía sentirme amada. Él nunca dijo que nos amara, pero lo sabíamos. En el fondo, tus tíos y yo, sabíamos que éramos los hijos más amados en el mundo. Pasábamos los días solos en casa, siendo nuestros propios niñeros, atendiéndonos a nosotros mismos, jugando a ser héroes con capas de bolsas de basura. Y todo era maravilloso. No tengo el más mínimo triste recuerdo de mi niñez. Pero tú has tenido todo, te he amado y te le he demostrado. Y no eres feliz. Yo fui feliz con tan poco, fui feliz sabiendo que habían familias en donde sus niñas no tenían que cocinar, y mucho menos que lavar ropa, pero yo sí debía hacerlo. Y te veo a ti, abatida, queriendo morir, y me parte el alma. Sé que lo que sufres va mucho más allá del entendimiento promedio de las personas, pero date la oportunidad de amar. Solo el amor te salvará. Sal de aquí, sal de esta tristeza que llevas en el pecho; déjame mostrarte que afuera hay mucha más luz que oscuridad.

 


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Sobre nosotros Jarhat Pacheco

Joven escritora colombiana.

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