IRENE TIENE OJOS TRISTES – CAPÍTULO 1

 

Su vida no era otra cosa que un accidente. Estaba en su cama, escuchando la lluvia caer, y le parecía que el agua que se estrellaba en su techo eran las lágrimas de alguien supremo, lágrimas de alguien que lloraba desconsoladamente por haberla mandado al mundo a sufrir. Al menos alguien estaba arrepentido de lanzarla al mundo sin defensas. Suspiró. A veces se sentía menos abandonada cuando se dedicaba a imaginar los golpes de pecho que las tejedoras del destino se daban al saberla tan derrotada y tan acabada.

Definitivamente, su vida era un accidente, pensaba llorando en silencio. Nació por cesárea y una enferma debió encaramarse arriba del pecho de su madre para ayudarla a nacer. «Pobre criatura, sabe que viene a un mundo de mierda», cuenta su madre que esas fueron las palabras de la morena enfermera con rasgos asiáticos que asistía el parto. «Hija, simplemente no sabías cómo salirte de mí, eso es todo», fueron las palabras de consuelo de su madre. Ella siempre intentaba hacerla sentir mejor, pero para Irene la razón a rehusarse a nacer era demasiado evidente: siendo un bebé, inconscientemente, predijo la debilidad de su alma, sabía que sufriría un dolor que para muchos era injustificable, pero que para ella era desgarrador. Solamente su madre la entendía. No era sencillo hacerle entender al mundo que a veces duele el alma sin saber por qué. Y mucho menos era algo simple que entendieran lo difícil que era salir a la vida real con una sonrisa de «nada me ha pasado» cuando en realidad todo le pasaba, cuando todo le caía encima y a fuerzas podía sostenerse para caminar.

Cesaba la lluvia, pero su desgarramiento no. No llovió lo suficiente como para que el agua la arrastrara hasta el fin. Abrió su mano derecha que llevaba empuñada colgando de la cama, cayendo con esta acción, un puñado de pastillas que aliviarían su padecimiento. Dejó de llover y se hizo débil una vez más. Cuando llovía era valiente, tan valiente como para hacerse daño a sí misma, o al menos eso creía, aunque los demás creyeran que se tratara de una profunda locura. Sonrío falsamente levantándose de la cama. Así era Irene, tan triste, como tan loca.


 

Hola a todos.  He comenzado a escribir esta historia, y creo que será algo muy corto. A medida que vaya escribiendo una nueva parte, la iré subiendo. Ya tengo escrita la segunda parte, e inmediatamente luego de publicar esta, publicaré la otra. Decirles también que si quieren estar al tanto de las novedades que voy publicando, no olviden suscribirse para que puedan recibir todo por correo electrónico. También me encantaría que me comentaran qué tal les parece la idea, y lo más importante, qué tal les pareció esta primera parte.

Ahhh y me olvidaba, al final del relato, les dejé algo que pueden twittear. Nada más dan clic, y ya está. Sale en su twiiter. 

Sobre nosotros Jarhat Pacheco

Joven escritora colombiana.

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