IRENE TIENE OJOS TRISTES – CAPÍTULO 4

  Irene y un nuevo terapeuta   Hay momentos en la vida que te definen más que otros. Hay momentos que te marcan con hierro y fuego, y aprendes, y entiendes que no volverás a ser igual que antes, entiendes que las oportunidades se hacen escasas y que, tal vez, inconscientemente, ignoras a las pocas que te quedan. —Éramos muy pequeños, demasiado inocentes para entender el dolor, demasiado niños para asimilar un alma completamente despedazada. Las tragedias son impredecibles, y nunca sabes con exactitud qué tanto se marcará tu existencia. Yo pude ser una niña normal, una adolescente feliz y…

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IRENE TIENE OJOS TRISTES – CAPÍTULO 3

  Desde la voz de Irene El tiempo cobra venganza una vez más. Tengo trece años y Juan me ha traicionado. Me fui una semana a casa de la abuela y regreso para encontrarlo leyendo libros con una mona insípida. ¿A caso quién es ella? Corro muy rápido. Esa era nuestra roca. Ese era nuestro lugar secreto. Pero ya no. Sigo corriendo. Brota desesperada el agua del alma, como le llama la abuela. Estoy invadida de tristeza. Juan era mío, mi amigo, lo sería para siempre. Ahora ya no. Escucho el sonido de mi corazón cuando se rompe. Ese sonido…

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IRENE TIENE OJOS TRISTES – CAPÍTULO 2

  — Sabes hija, el problema somos nosotros. El amor está en tiempo de crisis. Ya nadie está dispuesto a entregarse en sacrificio por él. ¿Y sabes por qué? ¿Sabes por qué estás así? — Irene la escuchaba fingiendo desinterés, pero al contrario de lo que demostraba, estaba atenta a su madre. Esa señora era como su sumo sacerdote, a ese que todos escuchan con la certeza de que proporcionará las respuestas buscadas. — Estás así porque eres egoísta contigo misma, porque no estás dispuesta a ofrecerte más de lo que hay en este encierro al que te has sometido….

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IRENE TIENE OJOS TRISTES – CAPÍTULO 1

  Su vida no era otra cosa que un accidente. Estaba en su cama, escuchando la lluvia caer, y le parecía que el agua que se estrellaba en su techo eran las lágrimas de alguien supremo, lágrimas de alguien que lloraba desconsoladamente por haberla mandado al mundo a sufrir. Al menos alguien estaba arrepentido de lanzarla al mundo sin defensas. Suspiró. A veces se sentía menos abandonada cuando se dedicaba a imaginar los golpes de pecho que las tejedoras del destino se daban al saberla tan derrotada y tan acabada. Definitivamente, su vida era un accidente, pensaba llorando en silencio….

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