ERA MUCHO MÁS QUE UNA CASUALIDAD; ERA LA VIDA QUE NOS UNÍA

Desde que vi sus ojos, instantáneamente su ser se acopló al mío, y supe que lo que sucedía en ese cruce de miradas, era mucho más que una casualidad; era la vida que nos unía.


HOY LES CUENTO DE MI VIDA…

Creo que sería bonito que ustedes conocieran pequeños detalles de mi vida. Que poco a poco fueran encajando con la persona que soy, con la mujer que va más allá de la poesía que leen. Es por esto que hoy les quiero hablar del amor, del amor de mi vida, de un amor que ha sobrepasado todo lo que soy, de un amor que me ha hecho ver más allá de mí para pensar en conjunto. Desde que vi sus ojos, instantáneamente su ser se acopló al mío, y supe que lo que sucedía en ese cruce de miradas, era mucho más que una casualidad; era la vida que nos unía y me ponía a mí, a una joven sin dirección, en un camino tan precioso que yo, jamás  por mi cuenta, hubiera podido escoger mejor.
Exactamente no sé cómo explicar o cómo definir lo que se siente amar tan inmensamente. A veces las personas decimos amar a todo y a todos, pero no es cierto, no se puede amar profundamente a cada persona, a cada rosa, o a cada roca que te topas en el camino. Quizás quieres, quizás quieres demasiado, pero amar hasta con la carne y los huesos, no sucede a menudo. Ese tipo de amor es específico, selectivo; ese tipo de amor que te hace hervir hasta los sesos, está destinado para personas especiales.
¿Y cómo ser una persona especial para alguien? A esto no tengo respuesta, pero sí sé que cuando eres especial para alguien, se le nota hasta en la forma de respirar. Y cuando estoy cerca, no puedo evitar sonreír y decirle todas las veces que pueda que la amo profundamente, que aunque me separe unas horas, ella sigue estando en mí, en cada pensamiento, en cada acto, en cada palabra. Porque así es el amor, te abarca por completo. Y ella, mi bonita, sin proponérselo, ha marcado mi vida con su nombre.
Muchas veces he hablado de ella en mis letras, y ustedes han pensado que se trataba de un hombre, pero les confieso que el amor más inmenso que nunca imaginé vivir, lo vivo con mi sobrina. Estos años en los que he tenido que aprender a ser madre sin serlo, a luchar como madre, a sufrir como madre, a ser feliz como madre, me han hecho saber que el amor de madre no viene solo del vientre, sino también del corazón.  
Soy tía, pero también su mamá, su segunda mamá, y ella lo sabe; sabe que mami (mi hermana) es su primera mamá, y que yo, soy su tía mamá. Sé que mi hermana está orgullosa de nosotras dos, de lo que su hija y su hermana han logrado juntas, y que nos ama, y que es feliz de saber que la esperamos y que no la olvidamos.
Ya para terminar, no sé si a alguno de ustedes les pueda interesar esta parte de mi vida, pero siempre me ha gustado sentirlos cerca, saber que están en mi vida y por eso me atreví a contar brevemente algo mí. Y para los que me han preguntado que por qué escribo, les quiero decir que amo la poesía y que veo en ella una forma de decir  “estoy presente y  lo seguiré estando aunque ya no esté”.

 

Sobre nosotros Jarhat Pacheco

Joven escritora colombiana.

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