CREO QUE LO MÁS DIFÍCIL DE TOMAR DECISIONES, ES QUE SEA UNA DECISIÓN DE ALEJARSE CUANDO SE AMA

Nuestros brazos eran una jaula abierta para escaparnos del dolor.


Se me fue para siempre

Autora: Jarhat Pacheco


Me abrazó despacio, sin prisa, como quien parece salvarse tranquilamente de las sombras. Sentí su cuerpo relajado, seguro y enamorado cubriendo el mío. Me protegió mientras creí que moría de la pena. Era necia, por eso no lo abracé inmediatamente; me quedé ahí, estática, con noches sin él estancadas sobre mi pecho, con un orgullo maltrecho, con los gritos de reproches que mi garganta no expulsaba, sabiendo que no me merecía, que yo tampoco lo merecía,  que aunque mil veces nos buscáramos, otras dos mil deberíamos alejarnos, que nada sería suficiente para borrar el destino trazado sobre nuestros nombres, que aunque golpeáramos al cielo, o al infierno, contar con un amor así de intenso no era suficiente para permanecer juntos.
Entonces recordé que lo amaba, que lo amaría todos los días a pesar de los daños, que mi destino era un mal chiste, un error de pulso, un error de dirección, porque jamás podría amar a alguien que no fuera él. Era de esas situaciones que debías evitar, de esas cercanías que eran ilícitas, condenadas, reprochadas, pero no había nada más qué hacer, igual tendría que irme, igual él lo sabía: no era para mí ni yo para él.lily-of-the-valley-1411146_1920
Continuábamos abrazados: teníamos ese instante, un momento de rebeldía, una pequeña fracción de tiempo donde juntos éramos valientes y nos creíamos fuertes para ir a la pelea, donde ser irracional representaría la victoria, en donde nuestros brazos eran una jaula abierta para escaparnos del dolor.

 

Leer: Me despido y sigo esperando que me digas “quédate que te quiero”.

Y sucedió: en sus brazos olvidé la realidad, mi corazón se desnudó y emprendió vuelo tras el suyo. Ya no había nada que fingir, y sin darme cuenta, me había refugiado en él mientras que mis mejillas se inundaban de  tristezas acumuladas, de besos escondidos, de miradas que morían en el suelo, de palabras que se peleaban conmigo por no decirlas. Y yo le mojé su camisa no de lágrimas,  sino de mis frustraciones con la vida, lo mojé de mi odio con el destino, de mis reveses en el mundo sin sus besos; y me rendí ahí, me rendí en sus brazos, revelé mis necesidades, mis miedos, mis deseos de tenerlo, de ser suya, de tomar su vida y hacerla mía. Y sin expresar una palabra, me entendió, entendió que lo amaba profundamente, y me susurró un “también te amo” mientras tomaba mi rostro en sus manos.
rose-676760_1920 Me besó y sentí el mundo desaparecer. Me besó como quien sabe que va a morir, como quien tiene la certeza de que la vida puede ser una basura pero que un solo beso, en un último beso, se puede olvidar que antes hubo tanto que despreciar. Y yo acepté su beso, lo acepté con una necesidad desmedida, con un hambre insaciable. Lo acepté salvándome temporalmente, porque irremediablemente, aunque tanto, tanto sentíamos, no éramos el uno del otro.
Poco a poco me separé de él. Con dolor en el corazón, en el alma, en los huesos, me arrastré hasta mi coche sin ver atrás, ya sabía que él me veía alejarme y en silencio me prometía a mí misma que jamás volvería ahí, porque uno jamás quiere regresar a un lugar en donde se te ha despedazado el alma por completo.
Buscaba las llaves del coche en mi bolso, pero sentí un frío escabroso en el cuerpo; supe que algo no estaba bien. Se helaron mis manos, tuve un miedo estremecedor, tanto que se me inundaron los huesos de pánico por perderlo para siempre. No sabía por qué, pero quise correr hacia atrás, regresar hacia él, decirle que no me iría, que lucharía contra lo que fuera, pero esperé demasiadas milésimas de segundos para decidirme. Era demasiado tarde, acababa de escuchar ese ruido ensordecedor y horroroso que jamás olvidaré, porque cuando él se disparó, también me disparó a mí, porque la bala que puso en su cabeza, se enterró en mi alma, y también morí, pero el aire continuó en mis pulmones para que el dolor se hiciera inacabable en mí. Prefirió morir antes de vivir una vida sin mí.

 

Leer: Después de probar tus besos, no hay marcha atrás.

Y ya qué importa lo que sienta, si la decisión la tomé primero yo, fui yo quien primero se alejó. Y ahora, todos mis días son insoportablemente lo que decidí. Creo que lo más difícil de tomar decisiones, es que sea una decisión de alejarse cuando se ama. Y la mía, fue una irrevocable. Fui egoísta, débil, me rendí, y él también se alejó, pero lo hizo de un modo definitivo. Lo amaba pero no luché,  y se me fue, se me fue para siempre.

Esta historia la escribí hace mucho y hasta hoy me animo a publicarla. Si deseas, puedes dar clic en compartir en tus redes sociales. 

Sobre nosotros Jarhat Pacheco

Joven escritora colombiana.

3 comentarios

  1. Es una historia muy triste, eres muy valiente en publicarla. Siempre sigo tus frases y publicaciones señorita Jarhat, eres una romántica irredimible, ese es tu encanto.

  2. Pingback: NO ME RINDO – Jarhat Pacheco

No olvides comentar...