EL CRUJIDO DE MI VIDA ROMPIÉNDOSE

Solamente existe el eco de un nombre que se oye como el crujido de mi vida rompiéndose.   

Desde lo más profundo de mi conciencia, sabía que no lo iba a olvidar. No lo olvidaría, pero aun así, le dije que se alejara de mi vida, y sin cuestionarme, se fue. No sé qué esperaba, tal vez que me dijera “estás loca, pero te amo y no me voy”. Tenía muy presente que era una tontería decirle que lo olvidaría como se olvidan las llaves dentro de casa. En realidad era una mala metáfora, porque de una u otra manera, uno termina regresando, y aunque estés por fuera, eres capaz de romper ventanas para entrar de nuevo a lo que has considerado tu hogar. Exactamente fue lo que me sucedió con él: quise guardarlo muy dentro pero cuando no soporté más su ausencia, intenté romper cualquier barrera que me impidiera estar de nuevo entre sus brazos, pero él ya no era el mismo. Enfurecí conmigo, con él. Ahora entiendo demasiadas cosas: le dije que se alejara porque necesitaba saber que se quedaría en contra de lo que fuera, incluso en contra de mí. Enfurecí conmigo por caprichosa, con él por orgulloso.

Veo constantemente un par de fotos en la que estamos juntos, es mi rutina de la culpa: observar detenidamente una imagen que jamás se repetirá, una imagen que me recuerda que adoraba estar entre sus brazos. Pero sé que no estoy en sus brazos, que ya nunca más lo estaré porque sé que no me perdona, porque le hice daño, porque me hice daño. Quizás alguien más está entre sus brazos, sintiéndose protegida como me sentí alguna vez. Quisiera de algún modo hacerle saber que me estoy desapareciendo en medio de la culpa, y de la tristeza. ¿Por qué no pudo comprender que necesitaba que me dijera que me amaba y no me dejaba?

Soy temerosa, me obsesiono con el miedo, con la soledad, con el abandono, y por eso lo dejé. Y justo todo aquello por lo que temí, me ha esclavizado. No existe amor en este lugar en el que me encerré, no existe luna ni sol que me proporcione esperanza; solamente existe el eco de un nombre que se oye como el crujido de mi vida rompiéndose.


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Sobre nosotros Jarhat Pacheco

Joven escritora colombiana.

7 comentarios

  1. María del Pilar

    Fue imposible evitar que mi rostro se humedeciera. Imposible impedir la salida de unas lágrimas que emergen de lo más profundo del alma. ¡Genial!

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