CARTA A UN AMOR DEL PASADO

Pero nos he perdonado

A un amor del pasado:

De mi boca no salieron las razones que mi corazón inventaba para que te quedaras. Te quise abrazar tan fuerte, y tan eternamente, pero no tuve la fuerza para hacerlo, o tal vez me faltó voluntad, no lo sé, pero me quisiste lejos, y yo no me negué abiertamente como debí haberlo hecho.

Quise frenarte, obstruir tu paso, entrelazarme a tu alma de una forma que ni tú ni nadie pudiera desenredar. Reprocharte por saber escoger una vida sin mí cuando esos no eran mis planes. Convencerte con mis ojos que te lloraban, pero creo que debí buscar una forma verbal de expresarte mi angustia por perderte, y no solo sentarme a llorar como una chiquilla.

No lo entendiste. No entendiste que en mi silencio batallaba con demonios que me querían arrastrar a una vida de pena, en mi silencio intentaba salvarme, porque mientras me decías adiós, dentro de mí se formaba una guerra de la que difícilmente pude salir.  

Hoy, cuando tantos ciclos lunares han pasado sobre mi cabeza, apenas puedo decirte que nunca acepté tu decisión. Nunca acepté que me dejaras al borde de ahogarme en mi propio llanto. Y nunca acepté que yo me dejara hundir así.



Nunca me buscaste, y a veces me escondía a verte pasear de la mano de otras personas, como una forma masoquista de hacerme entrar en razón porque te habías ido definitivamente.

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Tuve miedo, mucho miedo de no saber detener la tormenta que me arrastraba a un lugar sin retorno, tuve miedo de desaparecer por no saber superar, miedo de no saber olvidar, y miedo de no saber reconocer a la mujer que ahora era, a la mujer que era después de ti.

Destrocé tantos espejos como pude, porque nunca logras olvidar a alguien hasta que por fin te ves teniendo un futuro sin esa persona, y por mucho tiempo era a ti y a mí a quien veía. Pero pude hacerlo. Un día solo era yo, un día solo me vi a mí, y entonces lo comprendí:

Te había olvidado porque pude verme solo a mí en el espejo, y no sentí miedo ni aprensión, solo una sensación de ligereza, como quien se convierte en nube y no en roca.

Te escribo ahora para decirte que lamento no haberte reprochado tu adiós tan pronto lo dijiste, tal vez mi proceso de olvido hubiese sido menos doloroso, pero nos he perdonado, a ti por hacerme daño, y a mí por permitir que me lo hicieras.

Solo quería despedirme definitivamente, como no lo hice en aquel entonces.

Cuídate siempre,

Sobre nosotros Jarhat Pacheco

Joven escritora colombiana.

3 comentarios

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  3. Escrito hermoso!

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