SER UNA ESCRITORA DESEMPLEADA SIN INGRESOS FIJOS

UNA ESCRITORA SIN DINERO

«¿En qué trabajas? ¿De qué vives? ¿Cuánto ganas por escribir en tus redes sociales? ¿Tu libro te genera bastante para mantenerte?»

Esas son unas de las tantas preguntas que a lo largo de los años he tenido que responder, pero siempre lo hacía desde la postura de una empleada que tenía un ingreso fijo en una empresa privada ejerciendo un cargo administrativo. Y desde la postura de alguien que puede responder sin el corazón arrugado que
escribir no es su trabajo.

Decir «tengo un trabajo y de eso vivo», significaba tranquilidad.

Lo que quiero decir es que siendo empleada, me era mucho más fácil aclarar estas dudas. Poco me molestaba responder cada pregunta. Decir «tengo un trabajo y de eso vivo», significaba tranquilidad. No el tipo de tranquilidad que quería porque honestamente deseaba dedicarme al cien por ciento a escribir, a leer, a crear contenido para mis lectores, pero no podía hacerlo por el tiempo y por mi estabilidad económica.

A finales del año 2017, tomé la difícil decisión de independizarme, de vivir sola. No fue nada fácil dar este paso, pero una vez lo di, pude encontrarme a mí misma de una forma que no pude hacerlo en casa de mi papá. Terminé de escribir mi segundo poemario y adelantar varios proyectos, y todo aparentemente marchaba bien.



Pero nunca nada es perfecto. No llevaba ni cinco meses de independencia, cuando recibí la noticia de que la empresa me despedía a causa de un recorte de personal. Cuatro años y medio trabajé con esa empresa, y al recibir el despido, lo primero en lo que pensé fue «¿y ahora de qué voy a vivir?».

Lloré de impotencia, de desesperación, de miedo.

No sentí pesar de abandonar mi puesto, al fin que me encontraba agotada del trabajo. No sentí pesar por abandonar a mis compañeros, igual los vería en algún momento. Mi única preocupación fue mi estabilidad económica.

Lloré de impotencia, de desesperación, de miedo. Luego pasé a una etapa de euforia, de salidas a bailar (no es tan común en mí). Después, llegó la etapa de la realidad, el del golpe en la frente; el dinero no era de caucho, algo iba a tener que hacer si no quería morirme literalmente de hambre. Las cuentas no se iban a pagar solas, ni el mercado ni el arriendo.

Regresé a casa llevando a cuestas la vergüenza de no haberlo logrado.

Enfermé entonces. Pasé por algo por lo que jamás imaginé pasar. Me enclaustré en ese apartamento que ya no sentía parte de mi vida. Me obligué a sacar de mí lo que no era oportuno tener. El reloj hacía tic tac, mi cabeza era un huracán y mi cuerpo ya no estaba soportando tanta presión. Entonces regresé a casa.

Regresé a casa con la tristeza y la frustración clavadas en el pecho. Regresé a casa llevando a cuestas la vergüenza de no haberlo logrado.



Ahora cuando me preguntan de qué estoy viviendo, solo suspiro e ignoro la pregunta. Cuando me preguntan cómo va la búsqueda de empleo, solo suspiro y hago como que respondo pero en realidad no digo nada. Quiero escribir, es lo que hago todos los días, pero las oportunidades parecen esquivarme. He buscado la forma de poder sostenerme medianamente de lo que hago por pasión, pero todavía no resulta. Medio busqué empleo formal, pero sinceramente no es lo que quiero, no al menos si no involucra libros y escribir.

Escribir en redes sociales no da dinero.

Escribir en redes sociales no da dinero, pero escribir en un blog sí. En mi blog todavía no recibo dinero como para mantenerme, ni siquiera para comprar un jabón de baño. Se necesita a muchas personas leyéndote, y a mí me leen muchas, pero no tantas como sostenerme de mi blog. Ahora escribo todos los días, pero escribo el contenido que me gusta a mí, no lo que suelen publicar los blogs que ganas buenas sumas de dinero. Mi libro se vende, pero no es un best seller con miles de ventas, así que a quienes creen que me estoy enriqueciendo con las ventas, aclaro que no es así.

No estoy segura de si lo han notado, pero ya poco interactúo hablándoles mostrando mi rostro. Generalmente escuchan mi voz, pero no ven mi rostro. No sé a qué se deba, solo sé que tiene que ver con mi actual estado de ánimo.

No estoy bien, pero tampoco del todo mal.

En esta entrada quise narrarles un poco de cómo ha sido mi experiencia de ser una escritora desempleada sin ingresos fijos. Las pocas personas que conversan conmigo, o que me conocen de alguna manera, saben que mantengo la calma, y que me repito constantemente que ya llegará mi tiempo, pero a veces ni yo me lo creo.

En esta ocasión, les escribí como si estuviese desahogándome personalmente con alguien. Me cuesta horrores expresarme verbalmente, y por qué no desahogarme escribiéndoles a mis lectores. No estoy bien, pero tampoco del todo mal. Solo estoy pasando una crisis que me ha servido para escribir. No tengo dinero para nada, solo tiempo de sobra, e intento aprovecharlo en lo que según creo, es lo mejor que sé hacer.

Espero no haberlos aburrido, pero esta es mi experiencia hasta el momento como una escritora sin dinero.

Lea A veces se está mucho mejor cuando se van

Sobre nosotros Jarhat Pacheco

Joven escritora colombiana.

5 comentarios

  1. Alguna vez le hice esa pregunta a otro escritor, y me respondió igual, no se lograba mantener con sus escritos. Pero surgió una frase que le dije, y muchos podrían decírtela a ti, por lo lindo que escribes. “Cómo, no vives de lo que escribes???? Yo vivo de lo que de tí leo. ….Espero te guste, no te desanimes

  2. Por qué no participas en concursos? Así tendrás para mantenerte.

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