MIS CITAS FAVORITAS DE «EL TÚNEL», Ernesto Sábato

Me atrevo a afirmar que esta obra tiene una distinción inexplicable con respecto a otras obras de grandes autores que he leído. Diversos son los libros que nos cuentan el final de la historia desde la primera página, incluso desde la primera línea, como sucede con “El Túnel”, pero poquísimas llegan a pellizcarte con tal dureza y descaro, y aun así seguir leyendo con los ojos prácticamente pegados a sus páginas con la ansiedad que tienen aquellos por descubrir un secreto.

Encontramos a un protagonista en extremo inteligente, pero también es un cínico maltratador ya que en ningún momento se justifica ni se defiende, simplemente acepta detalladamente el paso a paso de su vida amorosa con la víctima. Pero también nos da una mirada profunda desde las emociones del victimario, lo que hace que la lectura sea desbordante y perturbadora mírese por donde se mire.

Sin duda “El Túnel” es una obra que nos lleva a escavar en las más oscuras y absurdas obsesiones de un hombre que se creyó propietario de una mujer: considero que Sábato ha hecho una crítica fuerte entre líneas y por ello su libro fue censurado en diferentes países.

Y pensando en lo verdadera que es esta historia, en lo cruel y obsesivo que puede llegar a ser un hombre en “nombre del amor”, y en lo confundidos que estamos al normalizar muchos actos viles, quise dejarles algunas de mis citas favoritas. Unas lo son por su profundidad y otras por su tinte amoroso y/o violentas, y también por lo confusas que pueden llegar a ser viniendo de un hombre que al final asesina a su mujer amada.

 


«Bastará decir que soy Juan Pablo Castel, el pintor que mató a María Iribarne».

 

 

«Aunque ni el diablo sabe qué es lo que ha de recordar la gente, ni por qué. En realidad, siempre he pensado que no hay memoria colectiva, lo que quizá sea una forma de defensa de la especie humana. La frase “Todo tiempo pasado fue mejor” no indica que antes sucedieran menos cosas malas, sino que ­­—felizmente­­— la gente las echa en el olvido».

 

«La memoria es para mí como la temerosa luz que alumbra un sórdido museo de la vergüenza».

 

«Es fácil ser modesto cuando se es célebre; quiero decir parecer modesto».

 

«Quizá sintió mi ansiedad, mi necesidad de comunión, porque por un instante su mirada se ablandó y pareció ofrecerme un puente; pero sentí que era un puente transitorio y frágil colgado sobre un abismo».

 

«Olvidé mis áridos razonamientos, mis deducciones feroces. Me dediqué a imaginar su rostro, su mirada —esa mirada que me recordaba algo que no podía precisar—, su forma profunda y melancólica de razonar. Sentí que el amor anónimo que yo había alimentado durante años de soledad se había concentrado en María».

 

«Le contesté al mismo instante: “No me importa lo que puedas hacerme. Si no pudiera amarte, me moriría. Cada segundo que paso sin verte es una interminable tortura”».

 

«Mis sentimientos, durante ese período, oscilaron entre el amor más puro y el odio más desenfrenado».

 

«Cualquier cosa que hiciéramos (hablar, tomar café) era dolorosa, pues señalaba hasta qué punto eran fugaces esos instantes de comunidad. Y, lo que era mucho peor, causaban nuevos distanciamientos porque yo la forzaba, en la desesperación de consolidar de algún modo esa fusión, a unirnos corporalmente».

 

«Y entonces venían las escenas de vestirme rápidamente y huir a la calle, o de apretarle brutalmente los brazos y querer forzarle confesiones sobre la veracidad de sus sentimientos y sensaciones».

 

«—Si alguna vez sospecho que me has engañado —le decía con rabia— te mataré como a un perro. Le retorcía los brazos y la miraba fijamente en los ojos, por si podía advertir algún indicio, algún brillo sospechoso, algún fugaz destello de ironía. Pero en esas ocasiones me miraba asustada como un niño, o tristemente, con resignación, mientras comenzaba a vestirse en silencio».

 

«No supe qué hacer: la besé tiernamente en los ojos, le pedí perdón con humildad, lloré ante ella, me acusé de ser un monstruo cruel, injusto y vengativo».

 

«Mis dudas y mis interrogatorios fueron envolviendo todo, como una liana que fuera enredando y ahogando los árboles de un parque en una monstruosa trama».

 

«A pesar de todo, el hombre tiene tanto apego a lo que existe, que prefiere finalmente soportar su imperfección y el dolor que causa su fealdad, antes de aniquilar la fantasmagoría con un acto de voluntad propia».

 

«Ese estremecimiento de orgullo, ese deseo creciente de posesión exclusiva debían haberme revelado que iba por mal camino, aconsejado por la vanidad y la soberbia».

 

«Y un sordo deseo de precipitarme sobre ella y destrozarla con las uñas y apretar su cuello hasta ahogarla y arrojarla al mar iba creciendo en mí»

 

«—Si no venís, me mataré —repetí por fin—. Pensalo bien antes de tomar cualquier decisión».

 

«Una amargura triunfante me poseía ahora como un demonio. ¡Tal como lo había intuido! Me dominaba a la vez un sentimiento de infinita soledad y un insensato orgullo: el orgullo de no haberme equivocado»

 

«En todo caso había un solo túnel, oscuro y solitario: el mío, el túnel en que había transcurrido mi infancia, mi juventud, toda mi vida»

 

«Y entonces sentía que mi destino era infinitamente más solitario que lo que había imaginado»

 

«¡Dios mío, no tengo fuerzas para decir qué sensación de infinita soledad vació mi alma! Sentí como si el último barco que podía rescatarme de mi isla desierta pasara  lo lejos sin advertir mis señales de desamparo. Mi cuerpo se derrumbó lentamente, como si le hubiera llegado la hora de la vejez».

Sobre nosotros Jarhat Pacheco

Joven escritora colombiana.

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